De la sociedad, pero no sin un poco

 De acuerdo con
el artículo “La carta Atenagórica:
Sor Juana Inés de la Cruz y los caminos de una reflexión teológica”, la crítica
de Sor Juana se divide en dos partes: “por un lado, prueba que el camino
argumentativo de Vieira no conduce necesariamente a sus conclusiones y, por
otro, Sor Juana hace ver que el error de Vieira no está en sus premisas o
conclusiones, sino en el camino argumentativo usado” (De Silva y Ruiz, 82). Sin
embargo, aunque ella no pretendía la publicación de la carta ni crear un debate
con Vieira, sus palabras lograron sobrepasar los muros del convento, lo cual
por el simple hecho de ser mujer, le trajo repercusiones y críticas.

En 1691 el obispo de puebla responde a la Carta Atenagórica bajo el seudónimo de
Sor Filotea de la Cruz, donde reprende y le recomienda a Sor Juana que deje las
letras profanas y se dedique a las sagradas y a la salvación de su alma. Sin
embargo, Sor Juana se negó a la domesticación de su inquietud intelectual ante
la autoridad religiosa del obispo. En la Respuesta
a Sor Filotea, ella justifica su pasión por el conocimiento y señala la
doble moralidad de una sociedad que intenta silenciar a la mujer y que impugna
sus conocimientos y opiniones por el simple hecho de serlo: “Su Majestad sabe
por qué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi
entendimiento dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás
sobra, según algunos, en una mujer; y aún hay quien diga que daña” (de la Cruz,
Sor Juana).

Sor Juana no sólo se defiende de las acusaciones de
soberbia por parte del obispo, sino que crea una reflexión sobre el lugar de
las mujeres en el campo del saber y reprocha la represión de éstas por parte de
la iglesia y de la sociedad, pero no sin un poco de ironía: “… señora, ¿qué podemos saber las mujeres sino
filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar
y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Aristóteles
hubiera guisado, mucho más hubiera escrito …” (De la Cruz, párrafo 28). De
igual manera Sor Juana señala que su inclinación al conocimiento fue un don
congénito del que no pudo deshacerse, y que siempre tuvo como inspiración a
mujeres ilustradas que se destacaron a lo largo de la historia por sus grandes
obras y su dedicación a las ciencias y a la cultura. Menciona las contribuciones e importancia de mujeres bíblicas,
de la antigüedad clásica, y algunas mujeres contemporáneas, con el afán de
demostrar que el mundo tal y como lo conocían, aun en una época completamente
misógina, no sería posible sin sus aportaciones:

Si revuelvo a los gentiles, lo primero que encuentro
es con las Sibilas, elegidas de Dios para profetizar los principales misterios
de nuestra Fe… Veo una Pola Argentaria, que ayudó a Lucano, su marido, a escribir
la gran Batalla Farsálica… Veo a la hija del divino Tiresias, más docta que su
padre… Y para no buscar ejemplos fuera de casa, veo una santísima madre mía,
Paula, docta en las lenguas hebrea, griega y latina y aptísima para interpretar
las Escrituras. (Respuesta a Sor Filotea)

Muchas de sus “confesiones”, como ella lo plantea, son
reclamos impregnados de franca ironía, sarcasmo y posturas retóricas que
contrastan con los argumentos del obispo de Puebla, valiéndose de fuentes
bíblicas para respaldar sus argumentos:

Y volviendo a nuestro Arce, digo que trae en
confirmación de su sentir aquellas palabras de mi Padre San Jerónimo …, donde
dice: Adhuc tenera lingua psalmis dulcibus imbuatur… Pues si así quería el
Santo que se educase una niña que apenas empezaba a hablar, ¿qué querrá en sus
monjas y en sus hijas espirituales? Bien se conoce en las referidas Eustoquio y
Fabiola y en Marcela, su hermana Pacátula y otras a quienes el Santo honra en
sus epístolas, exhortándolas a este sagrado ejercicio (De la Cruz, Sor Juana).

 

Otras confesiones intentan justificar sus decisiones
como mujer intelectual con sed de saber a través de la ironía y del humor: “Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el
estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes
a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo
menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la
seguridad que deseaba de mi salvación” (De la Cruz, Sor Juana). Sin
embargo, las confesiones más relevantes son aquellas que satirizan a la
sociedad y que cuestionan al sistema patriarcal que aprisiona a la mujer en los
roles tradicionales, negándole el derecho a ejercer una función social fuera de
los ámbitos preestablecidos: “muchos quieren más dejar bárbaras e incultas a
sus hijas que no exponerlas a tan notorio peligro como la familiaridad con los
hombres, lo cual se excusara si hubiera ancianas doctas, como quiere San Pablo,
y de unas en otras fuese sucediendo el magisterio como sucede en el de hacer
labores y lo demás que es costumbre.”

En la Respuesta a Sor Filotea, la intelectual Sor Juana Inés de la Cruz
utiliza estrategias retóricas con la finalidad de establecer su desacuerdo con
el sistema misógino de la sociedad patriarcal. Su respuesta incorpora
comentarios adversos sobre la doble moralidad de la sociedad patriarcal que
pretendía silenciar a la mujer. Sor Juana refuerza una estrategia persuasiva,
basándose en ejemplos bíblicos e históricos, para corroborar sus argumentos
sobre el derecho de la mujer a la educación, a intervenir en asuntos públicos y
la importancia de su función en la sociedad. Por ende, Sor Juana representa una
de las figuras más importantes y sobresalientes del barroco, al no solo negarse
a la sublevación de su deseo de saber, sino por abogar por todas las mujeres
oprimidas por esta sociedad.

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